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Si tuviera anotadas y contabilizadas sobre qué destinos son las consultas que a lo largo de los 7 años de vida que tiene este blog me han realizado, sin duda Vietnam ganaría por goleada. Y es que es extraño el mes que no me llegan varias preguntas sobre este país asiático que cada vez despierta más y más interés entre los viajeros. Mi experiencia corresponde a hace ya unos añitos. En concreto anduve por allí en el verano de 2009 –ya ha llovido…-, pero sigo recordando cada lugar que visité en mi viaje como si acabara de regresar de allí.

Así que para ayudar a todos aquellos que os estéis planteando visitar Vietnam próximamente, aquí van algunas recomendaciones. Propuestas sobre qué recomiendo ver y hacer en este maravilloso país que, como todos, tiene sus cosas buenas y menos buenas. Pero que encandila y enamora y atrapa. Y, si no lo crees así, solo tienes que continuar leyendo… ¿Qué tal si empezamos por su capital?

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1. Recorre el barrio antiguo de Hanói

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Si quieres tomarle el pulso a la capital vietnamita como debes, adéntrate en su barrio antiguo sin mapas ni planos. Piérdete. Déjate llevar por donde te lleve el instinto. Y abre bien los ojos.

Mientras caminas por esta zona comercial con miles de años de vida te cruzarás con vendedores ambulantes y puestos de comida callejera en los que los vietnamitas, sentados en pequeños bancos de plástico de colores, devoran cuencos de fideos mientras ven la vida pasar. Descubrirás a los verdaderos artesanos mientras llevan a cabo su trabajo, todos repartidos en calles según el oficio que desempeñan. La mezcla entre lo asiático y lo francés –por influencia de su pasado colonial- aparecerá escondida en los rincones que menos esperas. Y acabarás envuelto por un ambiente que te cautivará sin que siquiera seas consciente.

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2. Conoce los reclamos de la capital 

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Y ahora sí: más allá de la zona antigua de Hanói, investiga. Disfruta de los lagos, de los templos, de sus puentes. De sus espectáculos de marionetas, para las que tendrás que procurar no quedarte sin entrada. Sube a las terrazas de las últimas plantas de los edificios más altos y descubre la ciudad rendida ante ti. Camina hasta la Pagoda de un solo pilar y espía a los fieles mientras llevan a cabo sus oraciones. Respira hondo y reconoce el olor a incienso que desprenden las ofrendas. Visita el mausoleo de Ho Chi Minh y descubre el encantador templo de la Literatura y su historia. Disfruta del caos y de la paz de la ciudad. De sus verdes y sus grises. Y aprende a amarla como es, aunque posiblemente te ocurra sin que puedas evitarlo.

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3. Lánzate a cruzar la calle en el caos motero más absoluto 

Hay quien dice que no has vivido una experiencia límite hasta que no has montado en taxi en El Cairo, la capital egipcia. Y a esa afirmación yo suelo añadir: “o has intentado cruzar la calle en Ho Chi Minh”. Porque aunque desconozco el número de motos que puede existir en esta ciudad, os aseguro que son muchísimas. Así que en ese momento en el que el cuerpo se te paraliza por el terror de dar un paso adelante, piensa en aquel famoso dicho de “donde fueres, haz lo que vieres”. Te aseguro que en este rincón del mundo no puede cobrar más fuerza. Así que ármate de valor, respira hondo y lánzate a atravesar la calle igual que lo hacen ellos, poquito a poco y con paciencia. Si no haces nada raro serán los propios motoristas los que se las apañarán para esquivarte de la mejor forma posible. Y de esta manera, entre motos en ambas direcciones que se cruzan en diagonal, por la derecha y por la izquierda sea la dirección que sea la que indican las señales, tú lograrás alcanzar tu destino: la acera de enfrente. 

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4. Gana unos kilitos disfrutando de su gastronomía 

Que si rollitos, noodles, ternera con arroz o pollo con verduras. Incluso, por qué no, ¡serpiente! La gastronomía vietnamita es un gran tesoro y tienes que saber que, sintiéndolo mucho, probablemente regreses del país con algún kilito de más. Porque no sabrás decir que no a nada y querrás probarlo todo, te lo digo por experiencia. Pero, aunque en general se como bien casi en cualquier parte, hay varios lugares que te recomiendo con todo el amor de mi estómago. Así que apunta:

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-Little Hanoi 1, en Hanói. Me lo recomendó una pareja que conocí en la Bahía de Halong e hicimos bien en acercarnos a probarlo. Se trata de un restaurante familiar sin demasiada historia. Con una decoración de madera y un estilo bastante antiguo y recargado, apenas había gente cuando fuimos, pero la comida estaba deliciosa. Pidas lo que pidas, acertarás, pero por favor, no dejes de probar las berenjenas rebozadas en sésamo. ¡Increíbles! Por cierto, abre bien los ojos cuando andes buscando este restaurante ya que una costumbre bastante común en Vietnam es que cuando a un negocio le va bien, otros cercanos le copian el nombre para intentar confundir a la gente. Esto es precisamente lo que le ha ocurrido a este restaurante en concreto. Hasta 2009 existían dos restaurantes más en la misma calle que trataban de imitarlo, ¡cuidado con los impostores!

-Y Thao Garden, en Hué: Llegamos hasta él con nuestras bicis de alquiler. Además de que se portaron genial llamando por teléfono a la empresa donde las habíamos alquilado para avisar de que las devolveríamos con algo de retraso, el restaurante nos ganó desde el primer momento: tenía un acogedor jardín que nos cautivó. Un poco diferente a lo que estábamos acostumbrados, aquí el menú estaba cerrado y tenía un precio fijo. Por 10 dólares por persona cenamos diferentes platos que estaban a cada cual más delicioso. Rollitos, sopa de verduras, gambas rebozadas o ternera a la parrilla. Todo presentado de una manera especial y condimentado con especias que le aportaban unos sabores increíbles. Y es que por algo se conoce a Hué como la capital gastronómica de Vietnam: el emperador Tu Duc era un gran sibarita con el tema de la comida y los grandes cocineros de la época tenían como meta hacer lo imposible por satisfacer su apetito. Aquello que se inició por él, se mantiene hasta hoy día, por eso los mejores restaurantes del país se encuentran en esta ciudad.

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-El Café de los amigos –Cafe des amis-, en Hoi An, es otro de esos puntos a los que no podéis dejar de ir. Junto al río, este pequeño restaurante ha llegado a tener tanta fama que mejor intenta reservar antes de ir para asegurarte que tendrás mesa. ¿Qué lo convierte en un lugar diferente? El Sr. Kim, dueño y amo del lugar, no te dará una carta para que elijas lo que te apetezca comer: él mismo decidirá qué quiere preparar cada día y esa será la única opción. Así que confía en él y relájate. Después, ya me contarás.

 

5. Descubre Ho Chi Minh en dos ruedas

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La segunda ciudad más importante de Vietnam –y la más grande-, con sus detalles que recuerdan la influencia recibida por parte de los franceses, sus museos que no olvidan el horror vivido durante la guerra de Vietnam y sus enormes y largas avenidas, tiene además un tráfico infernal. Pero que ese detalle no te cohiba a la hora de descubrir otros muchos rincones que bien merecen la pena una visita. Si no te atreves a conducir una moto tú mismo entre tanta locura –ya hablábamos antes de la aventura que supone tan solo cruzar la calle-, lo tienes bien fácil: levanta la mano y en menos de tres segundos tendrás a varios motoristas dispuestos a llevarte a donde necesites por unos cuantos dongs. Así fue como dimos un paseo por los monumentos más representativos de la antigua Saigón: el hermoso edificio colonial de Correos, la pagoda del Emperador de Jade, el palacio de la Reunificación o la catedral de Notre Dame son solo algunos de los atractivos de esta caótica ciudad.

 

6. Aventúrate a hacer un trekking por los alrededores de Sapa

Y aquí llega la joya de la corona. El 90 % de los correos que recibo pidiéndome información sobre Vietnam es preguntándome por el trekking que hicimos en Sapa. Así que si quieres saber más, solo tienes que pinchar aquí y leer el post que escribí en su día al respecto. ¡Sin duda es uno de los planes que no puedes ni debes de dejar de hacer en un viaje al país!

Las inmensas terrazas repletas de cultivos de arroz son una de las imágenes que más paz pueden transmitir, te lo aseguro. El verde lo inunda todo mires donde mires. Las aldeas, salpicadas por las montañas, le ponen la vida y el color al paisaje gracias a las vestimentas de los locales, que utilizan diferentes tonalidades dependiendo de la etnia a la que pertenezcan (los H-mong o los Dao Do, por ejemplo). Hacer noche en una de las casas de las familias se hace imprescindible para acercarte un poco más a su forma de vida y entender su cultura. Es toda una experiencia.

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7. Pasea por Sapa y su mercado

Antes o después de hacer tu trekking –o más bien, en ambas ocasiones- tendrás que pasar por el pueblo de Sapa, donde coinciden mujeres, hombres y niños procedentes de las diferentes etnias de los alrededores. Es aquí donde aprovechan para vender sus productos artesanales a los viajeros: desde mantas y camisas a pulseras y bolsos.

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Los grupos de mujeres suelen reunirse en las escaleras de los comercios o en la plaza principal de Sapa. Allí exponen su colorida mercancía, siempre diseñada con tonos vivos, e intercambian alguna que otra palabra con los extranjeros que puedan estar interesados.

Aprovecha y da una vuelta por las escasas callejuelas que conforman el pequeño pueblo. Adéntrate en la versión más rural de Vietnam. Si es día de mercado, asómate y echa un ojo a sus puestos: encontrarás productos de lo más diversos –¡incluso billetes de mil euros para regalar como ofrenda a los espíritus de sus antepasados!-. Conversa con ellos, indaga en su cultura y aprende. Lugares como estos son verdaderos regalos para aquellos a los que nos gusta conocer formas de vida muy diferentes a la nuestra.

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8. Conoce la esencia de Hoi An

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Solo es poner un pie en el pequeño y encantador pueblo de Hoi An y ya te das cuenta de que no se trata de un enclave cualquiera. El tráfico está prohibido por su centro histórico, lo que permite pasear relajadamente y disfrutar de cada uno de los detalles que convierten al lugar en especial. Sus maravillosos puentes, sus antiguos templos chinos, sus negocios de ropa a medida regentados por jóvenes sastres -y no tan jóvenes-, sus pequeño río repleto de barcas y sus diminutas fachadas pertenecientes a antiguas familias japonesas … Cada rincón de Hoi an es una caja de sorpresas que te hará querer quedarte allí eternamente.

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Y, ya que he comentado el tema de los sastres, un consejo: si te apetece llevarte de Vietnam algún traje o unos zapatos hechos a medida, este es el lugar. Eso sí, normalmente solo podrá ser posible si piensas pasar allí algunos días, ya que el proceso conlleva su tiempo –y mejor que no tengan que hacerlo a contrarreloj porque tiene sus riesgos-.

 

9. Descubre las ruinas del corazón de la selva 

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Tuvimos claro que queríamos visitar las ruinas de My Son durante alguno de los días que pasáramos en Hoi An. Y no nos lo pensamos cuando decidimos darnos aquel descomunal madrugón para llegar a los templos justo a la hora de su apertura: así lograríamos esquivar al os grupos de turistas que llegarían más tarde en autobús –y el intenso calor, todo sea dicho-.

Se trata de las ruinas más importantes del antiguo reino Champa, y no porque sean los mejor conservados, sino porque se trata del recinto de mayor tamaño y porque el paisaje que lo rodea, al estar inmerso en la selva, es precioso –por algo está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco-.

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Se trata de una muestra muy singular del intercambio cultural que se dio entre los siglos VI y XIII y que muestra lo estrechamente relacionadas que estaban las raíces espirituales de los Champa al hinduismo. De hecho, solo hay que ver los restos de algunas de las torres y santuarios para comprobarlo. Fue precisamente aquí donde estuvo emplazada la ciudad que fue capital política y religiosa del reino de Champa durante casi toda su existencia.

 

10. Adéntrate en el Vietnam más imperial

Aún resuenan los ecos del pasado imperial vietnamita en la ciudad de Hué. Y eso a pesar de que la mayoría de sus edificios fueron destruidos durante la guerra que enfrentó al país a los americanos. Sin embargo, gracias a las obras de reconstrucción hoy día se pueden seguir visitando tesoros como la Ciudadela y su Palacio Imperial, una muestra clara de lo que esta ciudad llegó a significar siglos atrás. 

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Este conjunto de templos y residencias fueron la morada del emperador. En ella existen rincones con nombres tan sugerentes como la Ciudad Púrpura Prohibida -estancias que estaban reservadas para el uso exclusivo del emperador que fueron destruidas casi por completo, por eso hoy día están invadidas en gran parte por vegetación- o el Palacio de Thai Hoa, en cuya inmensa sala se celebraban todas las ceremonias y recepciones oficiales del emperador. Tendrás que reservar bastantes horas para poder disfrutar del complejo al completo, pero merece mucho la pena.

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11. Contempla el atardecer desde el río del Perfume

No recuerdo bien cómo llegamos hasta él, pero sí tengo imágenes en la mente de cómo fue el camino. Cruzamos en bici senderos que atravesaban frondosos bosques, puentes colgantes repletos de motos en ambos sentidos, gente y animales, incluso puestos de comida callejera. Nos introdujimos en la Vietnam más rural, aquella que se encuentra en los alrededores de la ciudad de Hué, siguiendo un mapa que más había que intuir que seguir a pies juntillas. Y llegamos. Justo a la hora del atardecer. Y, como si nos hubieran preparado una sorpresa solo para nosotros, nos quedamos impresionados cuando comenzaron a flotar sobre el río Perfume cientos y cientos de lucecitas. Pequeños farolillos que contenían una llama en su interior mientras eran arrastrados por la corriente, que se llevaba también con ella los deseos y plegarias de muchas personas. 

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12. Recorre el pasado de Hué en bicicleta

Anímate, alquila una bici y recorre los dos kilómetros que separan la ciudad de Hué de las primeras tumbas reales junto al río Perfume. Pero no te quedes ahí: este solo es el principio. Continúa indagando, porque podrás ir visitando los mausoleos de los diferentes gobernantes de la dinastía Nguyen a lo largo de nada menos que 16 kilómetros.

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El del emperador Tu Duc es uno de los más impresionantes. Este antiguo gobernante tuvo nada menos que 104 mujeres y un número infinito de concubinas -aunque ninguna descendencia-. A pesar de que la tumba fue diseñada por el propio Tu Duc –y debido a las fatídicas condiciones en las que se trabajó para su construcción casi le supone un golpe de estado-, lo cierto es que el emperador jamás fue enterrado allí. “¿Y dónde se encuentran sus restos entonces?”, te estarás preguntando. La realidad es que no se sabe, únicamente se conoce que yacen en algún lugar secreto junto a un gran tesoro, y que el motivo de que no se haya desvelado jamás el sitio es para impedir posibles robos. De hecho, los 200 sirvientes que enterraron al emperador, fueron decapitados posteriormente para que no pudieran contarlo desvelarlo.

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13.Visita un mercado flotante en el Delta del Mekong

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Probablemente esta fuera la parte que menos me motivó de todo el viaje, todo hay que decirlo. Aunque eso no significa que no fuera una experiencia bonita –de ahí que la incluya en esta lista-. Cada mañana, desde bien temprano, algunos tramos del Mekong se llenan de multitud de barcas que compran y venden todo tipo de género, transformando el río en un auténtico mercado flotante. Tomates, sandías, piñas o papayas, cualquier alimento que pase por tu cabeza lo hallarás en alguno de estos barcos-casa –muchas de estas familias viven en ellos-, desde donde la mercancía se grita y regatea. Aprovecha y prueba la pieza de fruta que más te apetezca: te aseguro que el sabor será algo increíble.

Para visitar uno de estos mercados podrás hacerlo organizándote por tu cuenta desde Ho Chi Mihn: lo tendrás fácil, hoy día hay mil opciones de transporte y alojamiento, así como alquileres de barcas para que te lleven a visitar los mercados flotantes a primera hora de la mañana. Otra opción es que contrates una excursión organizada desde la ciudad, que fue lo que hice yo –y que a día de hoy probablemente no haría-. Si lo haces de esta manera, pasarás dos días recorriendo el delta del Mekong, conociendo la forma de vida a orillas del río y visitando algunas plantaciones de arroz. Puede resultar curioso, no digo que no, pero si pudiera dar marcha atrás probablemente lo haría por mi cuenta.

 

14. Sueña en la Bahía de Halong

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De verdad, no existen palabras que permitan describir con propiedad este impresionante lugar y le hagan justicia. Así que voy a ser directa: no te lo pienses y contrata un viaje de mínimo dos o tres días para navegar por las aguas de una de las bahías más hermosas que has visto y verás jamás.

En Halong enormes rocas emergen del agua como si hubieran sido puestas ahí a conciencia, creando un paisaje absolutamente espectacular. La naturaleza parece haber trabajado a conciencia en cuidar cada detalle de este lugar y así nadie se marche de él sin recodarlo para siempre. Entre pequeños islotes aparecen, sin esperarlo, aldeas flotantes en las que sus habitantes realizan las tareas más cotidianas ante la mirada atenta de los turistas que pasan lentamente montados en sus barcos. También, por qué no, algún pescador que, montado en su diminuta barca, pesca pacientemente con su rudimentaria caña.

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Pasar la noche en un barco –si es de pocos pasajeros, mucho mejor, hay algunos que parecen cruceros y que por las noches montan unas fiestas que acaban con la paz y armonía del lugar- es algo imprescindible en tu viaje a Vietnam, así que apúntatelo con MAYÚSCULAS. Podrás descubrir también las cuevas que esconden algunos de sus islotes, playas de arena blanca y miradores con vistas indescriptibles.

 

15. Disfruta de la aventura de viajar en tren

“¿Real Madrid or Barcelona?”. Había perdido la cuenta de cuántas veces me habían hecho la pregunta desde que había aterrizado en Vietnam, pero puedo asegurar que muchas. Una vez más, aquel adolescente me miraba con ojos expectantes antes de conocer mi respuesta. Sentado en su litera del vagón de tren que compartíamos de camino a Sapa, chapurreaba las pocas palabras que sabía de inglés y traducía al resto de su familia –hermanas, madre y abuela- lo que buenamente podía.

No nos quitaban los ojos de encima. Nos examinaban de una manera tan minuciosa que parecía que no habían visto en su vida a un occidental. Y estaban emocionados. Contentos porque les había tocado compartir el espacio con nosotros, a pesar de que la comunicación era complicada. 

En un momento dado nos ofrecieron frutos secos en una bolsa y se lo aceptamos. Yo les ofrecí unas galletitas saladas. Y seguían mirándonos. Y sonriendo. Mientras, a través de la ventana, el paisaje iba mutando.

La experiencia de viajar en tren durante incontables horas es algo que cualquier persona que visite Vietnam vivirá en algún momento de su viaje. Una manera diferente de conocer, no solo el país, sino también su cultura, su gente y su modo de vida. Todos ellos ingredientes únicos y especiales que harán de tu viaje a Vietnam un precioso recuerdo para siempre. Te lo aseguro.

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