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Carmona, uno de los pueblos más bonitos de Sevilla

Es sábado por la mañana. Te levantas y sientes que tienes ganas de hacer algo distinto. Basta de la rutina de fin de semana: está muy bien eso de dar un paseo, salir a comer o tumbarte en el sofá con manta y mando a distancia dispuesto a tragarte la serie de turno o una buena peli. ¿Por qué no hacer una pequeña escapada? ¿Y si sales a conocer algún rincón con encanto cerquita de casa? Nada de conducir durante horas, lo que apetece es pasar el día (o, por qué no, el fin de semana o puente) en algún lugar a no más de 100 kilómetros. Pues bien, como nunca está de más dejarse inspirar, vengo a proponer varias escapadas que poder hacer teniendo Sevilla como punto de partida. ¿Qué, te animas? 

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Fuente de la Plaza Mayor de Osuna, Sevilla

  1. Carmona, iglesias por doquier

-Distancia desde Sevilla: 30 kilómetros.

Empecemos por lo clásico: ¿quién no ha estado en Carmona alguna vez o ha pensado en visitarlo? Este municipio, con casi 30 mil habitantes, es todo un reclamo para el turismo gracias a sus innumerables atractivos. ¿Para empezar? Su historia, ¡de más de cinco mil años! Así es, este lugar ha sido poblado por el hombre durante todo este tiempo, tratándose de una de las ciudades más antiguas de toda Europa. 

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¿Seguimos? Fruto de su historia, su patrimonio es maravilloso. Sus iglesias: la de Bartolomé, la del Salvador, la de Santa María o la de Santiago. Alguna, incluso levantada en el siglo XIV. El Convento de Santa Clara, el Hospital de la Caridad o la Plaza del Mercado de Abastos, construida en el siglo XIX con galerías porticadas, son todas visitas obligadas. Y no paro, ¿eh? Que, como ya he comentado, si algo tiene Carmona son razones para visitarla.

Una preciosidad resulta también el Alcázar de la Puerta de Sevilla. Esta, que era una de las entradas a la ciudad amurallada de Carmona, es uno de los mejores ejemplos de puerta romana que se pueden contemplar en toda España. No está de más entrar y caminar por sus escaleras y azoteas. Desde la Torre del Homenaje se obtienen unas vistas de Carmona estupendas. 

Tampoco hay que olvidarse de las múltiples casas palacio repartidas por toda la localidad. Muchas de ellas, por cierto, visitables. La Casa Palacio de los Aguilar (que durante mucho tiempo fue la sede del ayuntamiento) o el Palacio de los Rueda son solo dos ejemplos.

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¿Otros datos prácticos? Aquí van algunos.

-El Parador de Carmona. Si pensáis quedaros a dormir, esta es una opción inigualable. Ubicado en un antiguo alcázar árabe del siglo XIV (ni más, ni menos), aquí se disfruta de todo: de la tranquilidad, de la gastronomía y de la ubicación, con vistas a toda la campiña andaluza. Si buscas algo más económico, siempre tienes la opción de venir a comer a su restaurante, que es toda una gozada. Y, si tampoco te animas, al menos ven tomar el cafelito. Merece la pena.

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  1. Arcos de la frontera, la joya de la sierra de Cádiz

-Distancia desde Sevilla: 87 kilómetros  

Ya le dediqué todo un artículo a esta precioso pueblo blanco de la sierra de Cádiz hace unos años, pero tenía que tener obligatoriamente también aquí su espacio. Arcos de la Frontera es, en una palabra, espectacular. Por su ubicación en lo alto de una peña, por su laberinto de callejuelas, por sus paredes encaladas, por cada una de las historias que explican su origen y su vida, por su gastronomía, por sus vinos, por sus fiestas y por su gente. Anda… ¿algo más que añadir? Pues sí, así que estad atentos.

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Al encontrarse a tan solo 87 kilómetros de Sevilla, un fin de semana o puente en Arcos puede dar para mucho. Pero, lo ideal, es que vengas con ganas de disfrutarla con tranquilidad. Porque para captar su esencia no hay que tener prisas y dejar que te vaya desvelando sus secretos poquito a poco. Charla con la gente autóctona, descubre cómo se desarrolla la vida en este rincón de Andalucía y ve preparado para asombrarte a cada vuelta de esquina.

¿Cositas que ver? La basílica de Santa María y la iglesia de San Pedro, por ejemplo. La Plaza del Cabildo, el antiguo Castillo –hoy reconvertido en ayuntamiento-, todos los miradores de la ciudad, el museo del Belén y, si te animas a hacer una excursión, visita las bodegas de Huerta de Albalá, donde producen Barbazul, uno de los vinos tintos más ricos de toda la provincia de Cádiz.

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¿Para comer? Hay muchos barecitos, como La Cárcel o la Taberna Jóvenes Flamencos donde el tapeo es buena opción. Para hospedarte puedes optar, una vez más, por el Parador (que vuelve a tener, como ocurre en Carmona, una situación privilegiada).

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  1. Aracena, maravilla entre las maravillas

Distancia desde Sevilla: 90 kilómetros 

Esta vez ni Sevilla, ni Cádiz: cogemos el coche y nos vamos hasta la provincia de Huelva. Y, más concretamente, a su sierra. Allí todos y cada uno de sus pueblecitos bien merecerían una escapada, pero nos quedamos con el más grande y representativo: Aracena

Y cuando hablo de Aracena, tres conceptos vienen a mi mente: castillo, Gruta de las Maravillas y jamón. Sinceramente, si tuviera que quedarme con uno de los tres, no sabría cuál elegir –bueno, vale, reconozco que lo del jamón me tira mucho…-.

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Su casco urbano está declarado Bien de Interés Cultural y solo hay que pasear un poquito por él para entender el por qué. Aquí te animas a recorrer sus callecitas, como la de San José, y a pasearla con cuidado para no meter el pie en el pequeño canal que hay en el centro de la calzada -por el que verás que corre el agua-. Buscas algún bar y te sientas, en cuanto se te de la ocasión, en su terraza. Por ejemplo, en alguna de las muchas que hay en la calle Pozo de las Nieves, por qué no. Mientras te entretienes con una cervecita en la mano, pide una tapita de jamón –o de alguna carne ibérica guisada-. Deja que su sabor envuelva tu paladar, cierra los ojos y disfruta mientras del momento: las cosas buenas de la vida son así de simples. Ya te puedes ir de Aracena feliz. 

O no, porque también habrá que hacer algo de turismo, ¿o solo has venido a comer? Precisamente la famosa Gruta de las Maravillas está en esta misma calle, un poco más adelante. Fue la primera cueva turística de España y se abrió al público en 1914. Repleta de estalactitas, estalagmitas, columnas, lagos y todo tipo de formaciones que se superponen a lo largo de tres capas de galerías, la visita es obligadísima.

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Y mientras sigues paseando por el pueblo, quizás te topes con el antiguo lavadero Fuente del Concejo, obra del arquitecto sevillano Aníbal González –el mismo que diseñó la Plaza de España de Sevilla, entre otras muchas cosas-. El agua que se utiliza proviene, precisamente, de los manantiales de la Gruta de las Maravillas.

Aunque hay que reconocer que nos dejamos otras muchas cosas en el tintero, hay una última parada que tendrás que hacer sí o sí: el imponente castillo de Aracena, levantado sobre el cerro en el siglo XIII y utilizado hasta el XVI. En su torre almohade ondeó, durante más de dos siglos, la bandera de los templarios. Se puede visitar –son solo 2,5 euros- por tu cuenta o con guía. Y, ya para acabar de verdad, solo tendrás que andar unos pasitos desde castillo para toparte con la Iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor, otra de la paradas obligadas.

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¿Una sugerencia? Aunque es cierto que habrá mucha más gente en el pueblo y quizás sea contraproducente, si eliges las fechas en las que se celebra la Feria del Jamón de Aracena, algo más que te llevarás en la experiencia. Decenas de negocios relacionados con el producto del cerdo ibérico se dan cita en una zona habilitada para ello en la que podrás catar y comprar todo aquello que gustes. 

¿Y para hospedarme? El Hotel Molino del Bombo es una buena opción. Por unos 60 euros la noche es cómodo, bonito y acogedor. Fue donde me alojé cuando visité la localidad y lo recomiendo sin duda alguna.

 

  1. Osuna: religión, patrimonio y dragones

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-Distancia desde Sevilla: 87,4 kilómetros

No sé cuántas veces había pasado por delante de Osuna en mi vida y siempre me quedaba mirando, a lo lejos, la hermosa Colegiata que domina absolutamente todo el paisaje desde lo más alto del pueblo. Por fin decidí un fin de semana saciar mi curiosidad y hacer una escapada a esta localidad sevillana. Entonces no pude entender cómo había tardado tanto en hacerlo.

“La villa ducal de la provincia de Sevilla”, Osuna, es uno de esos pueblos repletos de encanto donde, mires donde mires, encontrarás algo que atrapará tu interés. Sus adoquines, sus casas palacio, sus empinadas cuestas, sus preciosas fachadas y muros… todo está además decorado por plantas y flores que le dan un color especial. 

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Para empezar, te recomiendo hacerlo a lo grande –y a lo alto-. Porque sí, Osuna es como si fueran dos pueblos en uno: la parte alta, y la parte baja. La Colegiata, de la que te hablaba antes, es posiblemente el mayor tesoro de Osuna, así que toca subir una de esas cuestas para llegar hasta ella. Es, posiblemente, la mejor manera de comenzar la visita.

Antes de entrar en este inmenso monumento, párate un segundo: es momento de admirar las vistas desde allá arriba, que bien lo merecen. Una vez dentro pregunta por la próxima visita guiada y no te lo pienses: apúntate. Las explicaciones de las guías oficiales son interesantísimas y de su mano podrás conocer toda la historia, curiosidades y entresijos de la Colegiata. El edificio, renacentista, guarda en su interior una de las colecciones de pintura del Barroco más interesantes. Su patio es una auténtica maravilla pero más lo es aún la parroquia subterránea: se dice que se trata de la catedral más pequeña del mundo. Fíjate en los detalles: podrías dejar pasar allí los minutos sin apenas darte cuenta.

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Junto a la Colegiata, la universidad de la Santísima Concepción, un edificio coronado por cuatro torres y cuyo interior guarda obras del siglo XVI. Sí, tal y como estás pensando: se dan clases en su interior ya que está adscrito a la Universidad de Sevilla.

El Convento de la Encarnación es otra de esas paradas que podrás hacer para seguir conociendo un poquito más de Osuna. Aparte de disfrutar de su coro, de su patio y de sus curiosidades, no te lo pienses: compra algunos de los dulces que las monjitas preparan con tanta maña. ¡Están riquísimos! 

Y sí, sigo proponiendo más visitas porque Osuna da para mucho. Así que de camino a la última parada te propongo pasear por la calle de San Pedro, según dicen, la “segunda calle más bonita de Europa”-lo que no me queda claro es cuál sería la primera-. Ahora toca mirar a un lado y a otro: recréate en las fachadas de los edificios, muchos de ellos la cara visible de las casas palacio que se esconden en su interior. Es la parte más señorial de Osuna, sin duda alguna. 

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Y caminando, poquito a poco, llegamos hasta la plaza de toros. Una plaza a la que le ha llegado la fama debido a que los localizadores de la serie “Juego de Tronos” la escogieron como escenario para rodar algunas escenas de su quinta temporada. ¡Aquí estuvieron Khalesi y sus dragones! Aunque fue inaugurada en 1904, da por seguro que jamás ha tenido tanta afluencia de visitantes –al menos fuera de una festividad taurina- como ahora. Cada día son muchos los seguidores de la serie que, más por curiosidad que por otra cosa, se acercan hasta ella. 

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  1. Zahara de la Sierra, la belleza de lo simple

-Distancia desde Sevilla: 98,6 kilómetros

Ya a lo lejos, la verás: Zahara reluce en medio de la sierra de Grazalema como si de un diamante se tratara. Sus casitas blancas, todas encaladas y desparramadas por las faldas del monte que corona el pueblo, son uno de los grandes reclamos en la distancia. Porque las contemplas y piensas rápidamente en lo en paz que se debe de sentir uno viviendo por unos días en ellas.

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Aparca el coche en algún hueco en la zona baja y comienza a subir. Con paciencia, respirando hondo a cada paso, que el aire fresco del campo seguro que te sienta bien –y tus pulmones agradecerán un ritmo tranquilo cuando te veas ante semejantes cuestas-. Dobla las esquinas, siempre guardianas de sorpresas, y descansa en algunas de las balconadas para recrearte en las vistas. Si puedes, lee alguno de los azulejos que las decoran con frases populares: seguro que más de una te la aplicas.

Anímate a tomar algo en alguna terracita de la plaza del pueblo. Entra en la iglesia de Santa María de la Mesa y echa un vistazo a su retablo mayor. Anímate a hacerte con algunos dulces o quesos de la zona en cualquiera de las tiendecitas que verás salpicadas por las calles. Calles, por cierto, empedradas: así consiguen que hasta el suelo que se pisa sea bonito en este rinconcito gaditano.

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Siguiendo el sendero que continúa en ascenso, llega hasta lo más alto: allí es donde se yergue la Torre del Homenaje, uno de los tesoros más grandes de Zahara de la Sierra. Estás ante el ejemplo más significativo de las antiguas fortalezas medievales de toda la provincia de Cádiz. Además de la Torre del Homenaje, también verás lo que queda de la Torre Hexagonal.

Desde lo más alto de la torre verás unas vistas increíbles de toda la sierra de Grazalema, el embalse de Zahara- el Gastor y los pueblos cercanos. Una pasada.

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  1. Vejer de la Frontera, mi rincón favorito de Cádiz

-Distancia desde Sevilla: 159 kilómetros

Se me fue la mano, ya lo sé. Nada menos que 60 kilómetros… Pero es que este pueblecito, una vez más, gaditano, me robó el corazón el primer día que puse un pie en él… ¿cómo lo iba a dejar fuera de la lista?

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Y es que Vejer lo tiene todo: la ubicación, en lo alto de una montaña desde donde se alcanza a ver hasta el mar. La imagen de postal, repleta de casitas blancas donde te gustaría pasar el resto de los días de tu vida. La cercanía al mar -pero no a un mar cualquiera, oiga, nada menos que al Palmar, unas de las playas más hermosas y maravillosas de todo el litoral andaluz-. Su legado árabe, aún presente en miles de detalles y rincones de la localidad. Su judería. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1976. Y la gastronomía -¿cómo me iba a olvidar yo de la gastronomía?-, con restaurantes como El jardín del Califa, donde disfrutar de sus platos hasta decir basta.

¿Qué, necesitas alguna razón más? No lo pienses y lánzate a conocerla. Jamás, puedes tenerlo por seguro, te arrepentirás.

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  1. Zuheros, la perla de la Subbética Cordobesa

-Distancia desde Sevilla: 178 kilómetros

Ayyyy… y ya me colé del todo. Se nos va un poco de distancia, sí. Zuheros está a casi 180 kilómetros de Sevilla, pero bueno, tampoco es ninguna locura plantarse en este singular pueblo cordobés a pasar un fin de semana o puente, ¿no crees?

En medio del Parque Nacional de las Sierras Subbéticas, sobre un risco que le permite dominar los inmensos campos de olivo que se extienden bajo sus pies, se levanta Zuheros. Con su castillo de origen medieval, su laberinto de calles encaladas, sus iglesias, sus quesitos, su aceite de oliva que es oro puro…

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Para empezar, una curiosidad: cuando camines por las callejuelas de Zuheros fíjate en el detalle de sus paredes. Cada vecino, por voluntad propia, colabora año tras año en pintar con delicadeza esa estrechísima línea negra que puedes entre la pared y el suelo. Se llama cenefa y forma parte de una tradición que viene llevándose a cabo en este rinconcito andaluz desde hace muchos años. Como ellos mismos dicen, les gusta tener sus casas “apañás” por dentro y por fuera.

Zuheros mantiene su encanto a pesar del paso de los años, y en cada callecita, en cada plazuela, se respira la esencia de su carácter.

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No podrás irte de aquí sin hacer una visita a su famosa Cueva de los Murciélagos, un importante yacimiento arqueológico repleto de sorpresas. Tampoco olvidar pasar por el Museo de Artes y Tradiciones Populares Juan Fernández Cruz: esencial para conocer cómo vivían en el pasado en este pueblo. Visita alguna de la fábricas de queso tan típicas de la zona y, si hace buen tiempo, anímate a hacer una cata de aceites. Si es en pleno olivar, mucho mejor.

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Para dormir:

Una muy buena opción, en pleno centro del pueblo, es el hotel Zuhayra. Pero si lo que te apetece es darte un homenaje, justo a la salida de Zuheros está la Hacienda Minerva, una hotel estructurado como si fuera una especie de mini pueblecito con muchísimo encanto y un restaurante donde disfrutar de la rica gastronomía andaluza. 

¿Os han gustado las ideas? ¿Estáis ya pensando en coger las maletas y poneros en marcha? No sé vosotros, ¡pero me da que necesito una escapada ya!

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