Resumen en una fotografía de la Comarca del Sueve… Picos de Europa al fondo

Me confieso una absoluta enamorada de Asturias.

Así de claro.

Tan sólo he tenido la oportunidad de estar en esta maravillosa tierra dos veces en mi vida, una por trabajo y otra por placer… y me parece una auténtica Maravilla Natural.

Sí, es cierto que nuestro país está repleto de lugares fascinantes. Mil rincones que tenemos que descubrir poco a poco. Paraísos que se esconden donde menos lo imaginamos y que, con el tiempo, nos van confirmando que vivimos en una tierra de las más bellas del mundo.

Pero Asturias tiene algo especial. No sé si son sus paisajes verdes, su gastronomía o su gente… pero nadie se olvidará jamás de un viaje a Asturias. Lo tengo clarísimo.

A finales de enero tuve la oportunidad de pasar unos días en la Comarca del Sueve. Una oportunidad de oro ya que llevaba un tiempo deseando regresar a esta tierra que tan marcada me había dejado en mi visita anterior.

La Comarca del Sueve comprende los concejos de Caravia, Parres y Piloña. ¡Todos con numerosos pueblecitos encantadores que me hicieron pasar un fin de semana inolvidable!

Lo más fácil y práctico para llegar desde Sevilla a Asturias es tomar un vuelo de Ryanair hasta Santander. Tras hora y media de coche hasta la zona del Sueve llegamos al pueblo en el que se encontraba la que fue nuestra casita rural durante tres días: Sevares.

El lugar en el que nos alojamos, Caserías Sorribas, realmente no podía estar mejor situado. Abrir las ventanas por la mañana y encontrarse con las vistas de los Picos de Europa nevados, era una auténtico lujo. Además, los apartamentos y casitas de la zona se encontraban bien separados unos de otros, con lo cual la paz y la tranquilidad eran absolutos. Lo mejor fue encontrarnos, al llegar, una cesta repleta de frutas y bollos para el desayuno y un cesto con leña para la chimenea. ¡Una bienvenida estupenda para sentirnos como en casa!

El saloncito de nuestro apartamento rural.

¡La chimenea y nuestro cesto de leña!

Muestra de lo bien que nos recibieron en Caserías de Sorribas

Esto es lo que veíamos al despertar por la mañana… ¿no ese una maravilla?

Puede que estemos tan acostumbrados a oír hablar siempre de los mismos lugares de Asturias que la Comarca del Sueve sea en parte una zona bastante desconocida. O al menos lo era para mí. Una pena porque en cuanto empiezas a indagar y a recorrerla te das cuenta de la cantidad de rincones especiales que esconde.

Gatitos asturianos en un pequeño pueblo de la zona del Sueve

Con nuestro cochecito de alquiler (imprescindible para indagar a tu aire por la zona) empezamos a movernos. El primer día en la zona lo dedicamos a conocer algunos de los pueblos más cercanos a Sevares. Comenzamos acercándonos hasta Espinaredo. Según cuentan, el que tiene la mayor concentración de hórreos de toda Asturias: unos treinta aproximadamente. La mayoría de ellos son de los siglos XVII y XVIII y fueron restaurados allá por el 90. Una delicia de sitio para pasear y descubrir detalles de la cultura asturiana.

Uno de los hórreos en Espinaredo

Otro hórreo más: ¡si por algo dicen que Espinaredo tiene la mayor concentración de hórreos de toda Asturias!

Me pude pasar fotografiándolo no sé cuánto tiempo. Cada recoveco, cada detalle… era una estampa preciosa que tenía que inmortalizar. Sus vecinos además eran de lo más amable. Con uno de ellos estuve charlando acerca de las “madreñas”: unos zapatos típicos de la zona. El hombre, ya mayor, estaba trabajando en su hórreo con ellos puestos y me llamó la atención. Me contó que los utilizan para trabajar en el exterior de sus casas. Normalmente los dejan a la entrada porque suelen estar sucios del barro del campo. Aunque a simple vista me pareció que para andar con propiedad con ellos debía ser complicado, el buen hombre me explicó que son de lo más cómodos y calentitos… No sé, no sé… ¡Tendría que probarlos para poder creérmelo! :)

Hasta 30 hórreos como este hay repartidos por el pueblo

Uno de los vecinos de Espinaredo disfrutando de la paz que se respira en el pueblo.

¡Otro simpático vecino de Espinaredo con sus madroñas puestas!

Estas son las “madroñas”, los zapatos típicos para trabajar fuera de casa

Eso sí, con ellos puestos no se entra en casa. ¡Se dejan fuera!

Cerca de Espinaredo se encuentra la Zona Recreativa de la Pesanca. Junto al río Infierno, se trata de un lugar perfecto para todo amante del senderismo y la naturaleza. Muchos caminos salen desde este punto y se pierden por el monte de alrededores. No tengo que decir que los paisajes asturianos son una pasada porque no es necesario. Todos sabemos la riqueza natural que posee esta región y los maravillosos parajes que se descubren sin necesidad de buscar.

Estampa de la Zona Recreativa La Pesanca, junto al río Infierno

La naturaleza es uno de los mayores atractivos de la Comarca del Sueve, sin duda alguna

Otra de las cosas que se pueden hacer en Asturias y con la que se acierta sin dudarlo es comer. Estoy segura de que tras este fin de semana volví a Sevilla con algún kilito de más. ¿Cómo es posible que pruebe lo que se pruebe en esta tierra, todo sepa a gloria? Seguro que algún secreto guardan los asturianos sobre su gastronomía, y para tratar de descubrirlo… ¡lo mejor es degustarla! Así que tras dar una vuelta por la zona Recreativa de la Pesanca nos fuimos hasta la Posada Antrialgo, en la aldea del mismo nombre y de tan sólo unos 80 habitantes. Eduardo Cofiño y su mujer regentan desde el año 92 este hotel rural. En el 99 decidieron abrir el restaurante, al que se puede acudir seas cliente del hotel o no.

Entrada a la Posada de Antrialgo

Eduardo Cofiño y su mujer, dueños de la Posada Antrialgo

Ni que decir tiene que el ambiente nada más llegar nos sorprendió por acogedor y coqueto. Los anfitriones nos trataron con mucho cariño, tanto al atendernos como en el cuidado que pusieron en cada uno de los manjares que nos ofrecieron. Basado en varios platos, el menú degustación que disfrutamos fue de matrícula de honor. No podría quedarme con ninguna de las recetas en concreto. Todas y cada una de ellas destacaron por algo especial. El postre lo tomé a duras penas porque no me cabía ya nada más en el estómago, pero estaba todo taaaan rico, que finalmente entró.

Queso Gamoneu y cecina de buey. Tartar de salmón y trucha escabechada. Una de las recetas más típicas de la zona del Sueve: el torto, en esta ocasión con revuelto de cebolla y langostino. Arroz con pitu de caleya y queso ahumado de Pria. Frixuelo con mermelada de frutos del bosque y arroz con leche casero… ¿Qué? ¿Se os hace la boca agua? ¡¡Porque a mí sí!! :)

Torto con revuelto de cebolla y langostino

El arroz con pitu de caleya que disfrutamos en la Posada Antrialgo. Sin palabras.

Arroz con leche y frixuelo con mermelada casera de frutas del bosque

Para hacer la digestión decidimos coger nuestro coche y conducir adentrándonos en la Sierra del Sueve. Aún no os lo he contado, pero la comarca tiene algo que la convierte en un enclave único: su ubicación. Y es que tan sólo tendrá una extensión de 421 kilómetros cuadrados, pero son los suficientes para obtener las mejores vistas tanto de los Picos de Europa como de la costa. ¡¡Inmejorables!!

Pasando por pueblos como el de Arriondas, sube que te sube por infinitas cuestas rodeados de (sí, una vez más) paisajes increíbles, llegamos hasta el Mirador del Fitu. ¿Qué os voy a contar de este lugar? Un púlpito ante el paraíso. Las vistas son, de verdad, una pasada. En él nos encontramos a 597 metros de altura. Como si del decorado de una película se tratase, desde el balcón que lleva coronando este punto desde 1927 se obtienen las vistas más impresionantes de los Picos de Europa que os podáis imaginar.

Los Picos de Europa

El mirador del Fitu con los Picos de Europa de fondo

Se trata de un lugar de paso. Casi todo aquel que se dirije a la costa o en dirección contraria atraviesa esta zona de la Sierra del Sueve y hace un alto en el camino. Aunque sean 5 minutos. Estoy segura de que recarga las energías a cualquiera. Nosotros decidimos parar algo más de 5 minutos. Al menos una hora nos quedamos por la zona, fotografiando y disfrutando de aquel momento. Después, continuamos dirección al mar.

No me cansaba de fotografiar las vistas. Eran impresionantes

Desde el mirador también se obtenían estas vistas de la costa

La costa perteneciente a la comarca del Sueve forma parte del Concejo de Caravia y engloba desde la playa de Espasa hasta la de Arenal de Morís. kilómetros bañados por un mar Cantábrico que aquel día nos recibió bravo y hermoso. No era época de baños, pero sí de paseos junto al mar, ¡y así fue como la disfrutamos!

Hicimos un par de paradas. La primera en la playa de Espasa. Desde ella podía ver el pueblo de Lastres, perteneciente al Concejo de Colunga y la que fue mi primera incursión en tierras asturianas… ¡¡qué recuerdos me trajo!! Pero seguía dejándome cautivar por lo que estaba viendo. Al igual que me había ocurrido en el Mirador del Fitu, mi cámara no podía dejar de hacer fotografías. Aquí podéis ver algunas de ellas. ¿No os parece un lugar precioso? La segunda parada que hicimos fue en la de Arenal de Morís. Otra preciosidad.

Playa de Espasa

Existe un paseo que recorre las diferentes playas de la Comarca del Sueve

Nuestro camino continuó hasta Arriondas, la capital del Concejo de Parres y  cuna del descenso del Sella. Pero no, no nos animamos a hacerlo… ¡ni las temperaturas acompañaban ni el tiempo! ¡Habrá que volver para saldar esa deuda! :) Sin embargo, son muchos los que se animan a practicar todo tipo de deportes en este río y la mayoría de los que lo hacen comienzan en este punto.

El Sella a su paso por Arriondas

Calle principal del pueblo

Arriondas, al contrario del resto de pueblos que habíamos visto por la comarca, tenía más aspecto “señorial”. Quizás fuera por la arquitectura indiana que puede apreciarse en cada esquina de la localidad asturiana. Lo mejor es perderse por sus calles y descubrir estos edificios sin esperarlo. ¡Algunos aparecen donde menos te lo esperas!

Plaza de Arriondas

Algunos de los edificios de arquitectura indiana que se pueden encontrar por el pueblo

Otro ejemplo de arquitectura indiana

Y si hay un “rincón” indiano en Arriondas en el que hacer una parada obligada, ese es “El Corral del Indianu”, el restaurante con estrella Michelín regentado por el  chef José Antonio Campoviejo. Este fue el lugar que elegimos para cenar la segunda noche que pasamos en la Comarca del Sueve. Y, sin duda, fue un acierto.

Exterior del Corral del Indianu

Nada más entrar asombra y embauca la decoración del restaurante. Una vez sentados en nuestra mesa, lo que nos encantó fue el trato que recibimos tanto de José Antonio como de su mujer y su hija pequeña. ¡Al ser fin de semana andaba por allí y nos encantó conocerla! Con apenas 9 añitos tenía un desparpajo y una simpatía sorprendentes.

Nos decidimos por el menú degustación corto. Se conoce como Yantar de El Comercio. Relación calidad-precio bien merece la pena. Algunos de los platos (me he propuesto con este post que se os haga la boca agua como sea…) fueron la croqueta cremosa de ibérico, el torto con guacamole y cebolla marinada, gochín astur-celta ecológico tostado, cremosa de manzana con helado de romero… ¿Qué, os habéis limpiado ya o hace falta que os deje un pañuelo…? ;)

La familia de José Antonio Campoviejo al completo

Algunos de los entrantes que tomamos en El Corral del Indianu

Fabada: ” Sabores de antaño, texturas de hoy”

Podéis imaginar que aquella noche dormimos a pierna suelta. Entre lo bien que nos habíamos alimentado durante el día, y el calorcito que desprendía la leña quemándose en la chimenea de nuestro hogar temporal… ¡Nada podía mejorar nuestra situación!

Por la mañana decidimos aprovechar el tiempo que nos quedaba en la comarca visitando varios lugares que nos habían quedado en el tintero. Para ello nos desplazamos hasta Infiesto.

Infiesto es el otro “pueblo grande” de la comarca del Sueve. Habíamos pasado de largo en varios ocasiones en los dos días que llevábamos en la zona pero no habíamos visto nada del lugar. Se trata de la capital del concejo de Piloña.

En las inmediaciones de Infiesto se encuentra un lugar de peregrinación bastante famoso: el santuario de la Virgen de la Cueva. Nada más llegar lo que más asombra es el lugar en el que se encuentra: al abrigo de una cueva (¡como ya os podíais imaginar por su nombre!). Podría decirse que es un templo exterior. Con su altar y sus bancos tapados únicamente por la propia roca que los cubre, poco más los resguarda. El primer testimonio escrito sobre su historia data del siglo XVI aunque se piensa que es más antiguo aún.

Santuario de la Virgen de la Cueva

Se cree que el santuario es anterior al siglo XVI

También en Infiesto existe un lugar que nadie que visite la zona se debería perder: La Casa del Tiempo. Ya no por la cantidad de relojes de épocas remotas que se pueden admirar en este museo. Tampoco por la cantidad de curiosidades que se pueden aprender en las dos horas que dura aproximadamente su visita (como que aunque los relojes existían desde mucho antes la hora no empezó a tenerse en cuenta hasta llegada la Revolución Industrial,  o que el reloj más antiguo de la colección es de 1740 y… ¡aún funciona!). Pero es que, nada más que por disfrutar de la pasión con la que vive mientras narra cada detalle de su museo Pedro, el propietario de la colección de relojes que aquí se muestran… es suficiente. De verdad, es como ver a un niño pequeño emocionado con su juguete. Con la diferencia de que muchas de las piezas que se encuentran en la Casa del Tiempo son antiquísimas y tienen un valor incalculable. Sobre todo sentimentalmente. Su creador vive por y para su colección, y su ilusión se transmite y se contagia al que lo visita. ¡Animaos y acompañadle mientras os cuenta su historia!

Fachada de la Casa del Tiempo

Un ejemplo de las maravillas que se pueden ver en este museo

El museo está dividido en tres partes: relojería pública, privada y campesina.

La colección cuenta con más de 5 mil piezas. No todas están expuestas.

Antes de pasar una vez más por Arriondas para almorzar y partir de nuevo para Santander decidimos adentrarnos, por última vez en esta visita, en la sierra del Sueve. En esta ocasión nos llovía, pero qué más da… Además, ¡qué sería del verde que invade Asturias sin su perenne lluvia? (Vale, ¡sé que muchos asturianos no estarán de acuerdo con esto! Sé que no llueve en Asturias tanto como creemos, pero a mí me ha llovido en las dos visitas que he hecho! Sin embargo, aún así… ME ENCANTA QUE LLUEVA EN ASTURIAS.

Conduciendo por carreteras pequeñísimas y perdiéndonos por el monte llegamos hasta el molino de Rafael. En realidad se llama el Molín de la Teyera, pero os aseguro que es el molino de Rafael. Porque no será de su propiedad, pero si alguien manda en este molino, sin lugar a dudas, es él.

Cartel que indica el lugar del Molín de “La Teyera”

Antonio nos contó que a sus 88 años aún sigue acudiendo a diario a este molino para hacerlo trabajar.  Al menos, todo lo que su salud le permite, porque nos dijo que había estado ingresado con una pulmonía hasta no hacía mucho. A pesar de eso, con fuerza, vitalidad y tesón continúa preparando harina para los vecinos de la zona que cada día lo visitan y le hacen el encargo correspondiente. Así se saca algún dinerillo, que no mucho, para ir tirando.

Antonio trabajó durante la mayor parte de su vida en un barco viajando por todo el mundo. Nos contó que pocos lugares le quedaban por conocer. Ahora, ya viudo, le encantaba dedicarse de lleno al molino que, al igual que él, continúa funcionando a pesar de su edad (más de 400 años). Una historia preciosa en un lugar verdaderamente mágico. No dudéis en hacerle una visita, a él y a su perro, que seguro os esperarán en el molino cuando lleguéis. Además, le encantará enseñaros cómo funciona el molino. ¡Todo un placer y un orgullo disfrutar viéndolo trabajar!

Antonio y su molino

Antonio sonriendo. Ahí lo tenéis, trabajando por amor al arte a sus 88 años.

Este fue un estupendo punto y final a nuestro fin de semana en la Comarca del Sueve. Nos fuimos con muy buen sabor de boca (bueno, el sabor de boca sobre todo fue bueno porque nos despedimos de Arriondas tomándonos una fabada y unas chistorras a la sidra, que todo hay que decirlo!).

Abandonar la zona me hizo sentir muy triste. Una vez más le había entregado el corazón a una tierra, la del Sueve, que me había enamorado por completo. Pero eso es bueno, porque cuando me enamoro de un lugar, suelo volver. Y estoy segura de que el día que lo haga me esperarán muchos otros rincones que me recuerden el por qué de este enamoramiento… ¡Hasta pronto, Sueve! 

Atardecer en la Comarca del Sueve