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En Londres hay cosas muy grandes. Como por ejemplo una noria. Y también una cúpula. Hay museos grandes. Avenidas grandes. Taxis grandes. Incluso parques grandes. ¡Ah! Y autobuses y mercadillos grandes.

Pero, además de todo esto, está The Shard. Y cuando The Shard llegó a Londres cada una de esas grandes cosas se hizo diminuta a su lado. Y entonces Londres se rindió a sus pies, convirtiéndose en una simple maqueta bajo su inmensa sombra. Simple pero increíble, como siempre. Como si las norias, cúpulas, museos, autobuses y mercadillos formaran parte de una ciudad de mentira con la que jugar a las muñecas.

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El techo de la Unión Europea

The Shard no es el edificio más grande del mundo, ni mucho menos. Para eso probablemente le faltarían “unos cuantos metros” por construir de más, logrando que así su pico traspasara el cielo. Tampoco lo es de Europa: ya se encargó la Torre Ciudad Mercurio de Moscú de desbancarle del puesto. Pero sí que es el edificio más grande de la Unión Europea, que ya es decir. Una estructura irregular con forma de triángulo construida en hormigón, cristal y acero que se levanta hacia el infinito. Hacia las nubes grises que tapan casi a diario esa ciudad que a todos encanta. Que, con sus 310 metros de altura, gobierna el perfil londinense como un auténtico desafío a las leyes físicas de la naturaleza.

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Y sí, son esos 310 metros los que separan el mirador de The Shard –conocido como The View from the Shard- del suelo. 310, ni más ni menos, que se suben en tan solo unos cuantos segundos de ascensor provocando que en el estómago bailen mariposas. Y, mientras se asciende a lo más alto del edificio, el resto del mundo continúa caminando de un lado a otro en las aceras del exterior. Deprisa y acelerados, con el nervio propio de los que trabajan en las grandes empresas de la gran ciudad. Inmersos en todo un mundo de negocios que se desparrama calle tras calle a nuestro alrededor. Nosotros, sin embargo, estamos a punto de tocar con nuestros dedos las mismísimas nubes.

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Creerse el rey del mundo.

Cuando se llega a la planta 72, la última a la que se puede acceder en ascensor, toca salir y enfrentarse al vértigo. Y entonces se empieza a ser consciente de que estamos ante dos mundos separados: el real y el soñado. El de los pies en la tierra y el de la cabeza en las nubes. El del día a día cotidiano y el de las sorpresas que alegran la vida. Allá abajo todo sigue igual. Aquí arriba, nada es lo mismo.

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Probablemente nunca nadie había imaginado poder ver Londres tan pequeñita. La sombra de The Shard se proyecta sobre la ciudad inundándolo absolutamente todo. Con su Támesis, su Big Ben, su Puente de la Torre… Y todo se puede disfrutar con tan solo girar la cabeza. De izquierda a derecha o de derecha a izquierda. 360º para nosotros solos. Allí arriba es fácil sentirse el rey del mundo.

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Y para creerlo aún más solo se tendrá que subir una última planta, aunque esta vez por las escaleras. Este piso, bien protegido pero exterior, nos dejará sentir el aire fresco que se respira a estas alturas y hará que nuestra vista alcance el horizonte más infinito: hasta 64 kilómetros se disfrutan desde la cima del rascacielos. 

Antes de volver a bajar al mundo real quizás apetezca darse un capricho: en el pequeño bar del mirador sirven varios tipos de champán por copa. Nada baratos, eso sí, pero permiten darle un toque chic a la experiencia.

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4 años y 450 millones de libras

El gran artífice de esta obra fue Renzo Piano. El arquitecto italiano proyectó esta fabulosa torre en pleno distrito de Southwark, en el sudeste de la ciudad y frente al Támesis. Entre sus plantas hay repartidas oficinas, apartamentos, un hotel, restaurantes, spa y un mirador. Su construcción comenzó en febrero de 2009 y fue abierto al público en febrero de 2013, cuatro años y 450 millones de libras más tarde. Las poderosas manos que invirtieron en tan magno proyecto vinieron de fuera: el 95% del desembolso lo realizó el mismísimo Estado de Catar. Y aquí tenemos el resultado: The Shard corona el skyline londinense pudiendo ser observado desde prácticamente cualquier punto de la ciudad.

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El rey de los edificios se ha ganado a pulso el ser uno de los nuevos reclamos turísticos de Londres. Rodeado de otros grandes atractivos de la ciudad es una parada fundamental para descubrir la ciudad de una manera diferente. De una manera que jamás habrías podido imaginar: en miniatura.

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DATOS PRÁCTICOS:

-La entrada para subir al mirador, conocido como The View of the Shard, cuesta unas 30 libras. Comprando las entradas en la web de Visit Britain obtendrás 5 libras de descuento.

-Para más datos sobre horarios, entradas, o cualquier otro interés en los puntos importantes que visitar en Londres, la web de Visit Britain ofrece información detallada. Ahí obtendrás respuesta a todas las dudas que tengas.

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