Hoy aparcamos durante un ratito los billetes de avión a destinos internacionales y nos paseamos por un rincón del que dejé pendiente hablaros más a fondo. Hace unos meses os conté mi experiencia hospedándome, advice durante un fin de semana, en la casita rural del El Pilaret en Azanúy, un pequeño pueblo del prepirineo oscense.

Azanúy al atardecer

Dejé en el tintero comentaros qué actividades de ocio se podían realizar en los alrededores para poder sacarle, de esta manera, todo el jugo posible a una escapada a este lugar. Descubrir los alrededores de esta pequeña localidad es todo un acierto.

Aquí os propongo un itinerario que realizar para que volváis a vuestras casas descansados y satisfechos de vuestra escapada a El Pilaret.


Vuestra ruta puede comenzar muy cerca de Azanúy, a tan sólo 14 kilómetros: allí se encuentra Monzón. Esta ciudad (la tercera más poblada de Huesca) de más de 17 mil habitantes es la capital de la comarca del Cinca Medio. Uno de sus mayores atractivos es el imponente castillo templario que gobierna el enclave desde lo alto del cerro junto al que se encuentra la ciudad. Así que lo primero que debemos hacer es callejear por entre las estrechas vías de la parte antigua de Monzón hasta encontrar el camino, siempre en cuesta, que nos lleva hasta la entrada al castillo.

Subiendo a la entrada al castillo

Vistas desde el castillo templario de Monzón

Detalle de la fachada del castillo de Monzón

Aunque de origen árabe (del siglo X), pasó  a manos cristianas en 1089 tras la conquista de la población por Sancho Ramírez, que le otorgó el título a Monzón de ciudad y reino. En 1143 pasó a formar parte de la Orden del Temple y de esta manera fue completándose con algunas estancias que hasta este momento no poseía y que pueden visitarse en el recorrido, como las caballerizas o las torres. Una curiosidad sobre el castillo es que en el interior de sus murallas residió durante su niñez el rey Jaime I.

Escultura de Cristo en la Plaza de Armas del castillo

En la entrada se puede alquilar una audioguía que hace la visita mucho más amena. Es curioso imaginar, mientras la voz nos narra la historia del castillo, la cantidad de hechos que sucedieron en este espacio. Como por ejemplo que durante la Guerra de la Independencia los franceses asediaron la fortificación y que ésta no fue liberada hasta el final de la misma, en 1814.

El castillo es considerado Monumento Nacional y en la actualidad ha sido restaurado en gran parte.

Otra perspectiva del castillo de Monzón

Mirador del castillo

Después de dar nuestro paseo por las dependencias del castillo una buena opción es coger el coche y moverse hasta otra diminuta localidad: Fonz. Además de recorrer sus calles y descubrir el encanto de este pequeño pueblo, aprovecharemos para visitar la  Quesería Val de Cinca.  Se trata de una empresa familiar que comenzó hace años con un ganado de 150 ovejas y que hoy exporta su producto a gran parte de nuestro país. Ahora poseen 500. Estas ovejas viven en la granja que tiene la familia y no pastan, tan sólo comen alfalfa y pienso (¡y pulpa de naranja y manzana!). El sabor de su leche es exquisito y posee más cuerpo y cremosidad que la leche de vaca. Los quesos que se fabrican en Val de Cinca están riquísimos, pero el yogur… ¡es algo espectacular!

Se pueden realizar visitas guiadas tanto a la fábrica como a la granja donde algún miembro de la familia (son 7) explicará, con todo detalle y de manera muy amena, el proceso producción de sus quesos y yogures.

Entrada a la fábrica de quesos Val de Cinca

Isabel mientras da una explicación sobre la elaboración de los quesos

Quesos Val de Cinca para degustar

Y, si apetece, tras degustar los productos de la Quesería, lo interesante es dar un paseo por las calles de Fonz. El pueblo recibe su nombre del latín “fuentes” debido a la cantidad de manantiales que existen en sus alrededores. Junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se encuentra una de las fuentes más famosas, de seis caños y de época renacentista.

Calles de Fonz

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Fonz

Como puede que después de tanto paseo ya vayan entrando ganas de comer algo, recomiendo montarse en el coche y conducir otro ratito hasta Alquézar. Nos estaríamos introduciendo ya en la comarca de Somontano, rica en vinos como ninguna otra.

Una de las cosas que más llaman la atención al llegar a Alquézar y dejar aparcado el coche a las afueras (está prohibido entrar con él por las calles del pueblo), es su belleza. Desde lo alto puede observarse el pueblo, de color rojizo, con la Colegiata de Santa María la Mayor gobernando el espacio desde la zona superior. Justo debajo, un laberinto de callejuelas invitan a perderse y, de paso, imaginar las numerosas historias que hace siglos se vivieron por los rincones de esta ciudad medieval.

Vistas del precioso pueblo de Alquézar

Por las calles de Alquézar…

Paseando por las calles de Alquézar

El pueblo se encuentra situado en el último tramo del cañón del río Vero. Por esta razón el paisaje que lo rodea es impresionante. Además, desde este punto se pueden realizar numerosas actividades de aventura como barranquismo o escalada.

Pero, sin duda alguna, uno de los mayores atractivos (además de la parte más monumental que tiene Alquézar) es su gastronomía. De hecho, los responsables de turismo de la zona lo saben. Y por ello están fomentando el turismo gastronómino de la comarca.

Un lugar que recomiendo para almorzar, siempre que se acuda con el hambre suficiente como para poder acabar con cada uno de los platos, es el restaurante Cueva Reina. Aunque costó un poquito que nos dejaran esperar por una mesa, finalmente nos dejaron y mereció la pena: todo estaba delicioso. Nos decantamos por el menú degustación de 30 euros por persona, que incluía exquisiteces tales como el risotto de olivas negras, bacalao rebozado en Kiko, cochinillo con setas al ron o el helado de manzana con llave de chocolate.

Restaurante Cueva Reina en Alquézar

Bacalao rebozado en kiko en el restaurante Cueva Reina

Os aviso de que si queréis ir a comer a Alquézar tenéis que hacerlo temprano y reservando. Nosotros llegamos al pueblo a eso de las 3 de la tarde y casi nos quedamos sin comer. Aún habiendo mesas libres, en un par de restaurantes nos dijeron que no nos servían. ¡Menos mal que en Cueva Reina nos acogieron!

Y, para bajar la comida, no hay nada mejor que subir los escalones y cuestas hasta la Colegiata de Santa María la Mayor, cuya entrada se encuentra muy cerca del restaurante. Fue Jalaf-Ibn-Asad quien erigió un castillo en este lugar, en el siglo IX, para hacer frente a los avances de la resistencia cristiana. Finalmente Sancho Ramírez la conquistó y acabó convirtiéndola en una comunidad de canónigos y agustinos construyendo una iglesia colegiata románica. A lo largo de los siglos  fueron incorporándosele detalles hasta que en el XVII se erigió la actual Colegiata de Santa María y se convirtió en uno de los monumentos más visitados de Alquézar.

Patio interior de la Colegiata de Santa María la Mayor

Alquézar y la Colegiata de Santa María la Mayor

Gatos deambulado por las calles del pueblo

Después de pasear algo más por el pueblo lo mejor es volver a montarse en el coche y dirigirse a otro de los lugares en los que hay que hacer parada obligada si se viaja a esta zona de Huesca: una de sus bodegas. Desde el año 500 antes de Cristo ya se cultivaba la vid en el Valle del Ebro. Por esto mismo la comarca del Somontano y sus alrededores son un verdadero reclamo para todos aquellos amantes del vino. Y es que hay bodegas para aburrir, aunque seguro que ninguna en la que sentirse tan en casa como en la de Aldahara.

En la carretera que conduce a Barbastro, en la villa de Estadilla, se encuentra esta bodega familiar cuyo origen se remonta a hace muy poquitos años: 2004. José María y Marisa vieron cumplido su sueño cuando fueron capaces de iniciar este proyecto conjunto y crearon su propio vino. Hoy, junto a sus dos hijos, Alejandro y David, llevan hacia delante la bodega que, puedo decir por propia experiencia, cuenta con unos vinos exquisitos.

José María y Marisa, dueños de las bodegas Aldahara

Degustando vinos en Aldahara

En sus 27 hectáreas de viñedos cultivan diferentes tipos de uva, entre las que destacan por ejemplo un Tempranillo, única bodega que posee esta variedad en toda la comarca del Somontano. También cuentan con un Chardonnay fermentado en barrica que está delicioso. Aunque yo me incliné por el Mistela. ¡Siempre me ha gustado el vino dulce!

Marisa y José María no tienen problema en abrir las puertas de su bodega y ofrecer, a todo aquel que los visite, una degustación de algunos de sus riquísimos vinos. Eso sí, acompañada de una animada charla. A los 20 minutos de estar sentados con ellos en la sala donde llevan a cabo las pruebas y con algún vinito ya tomado, parecía que nos conociéramos desde hace tiempo.

De todos los que probé, mi favorito… el Mistela.

Antes de abandonar el lugar lo ideal es completar la visita acompañando a José María al interior de las naves donde tiene los toneles que almacenan el vino. Con tranquilidad y pasión este hombre narra, poniendo todo su amor en ello, cómo se siente hoy día al ver sus deseos hechos realidad. Por supuesto lo ideal es partir habiendo comprado alguna botella de sus vinos. De esta manera podréis continuar disfrutando en casa. Y, si no se hace, no hay problema:también pueden adquirirse botellas de Aldahara a través de su página web.

Eligiendo qué vinos llevarse a casa

Otra de las ciudades de la zona que no tiene que dejarse pasar es Barbastro. Se trata de la capital de la comarca del Somontano y la segunda ciudad más grande de Huesca. Es considerada como una de las puertas a la Sierra de Guara, y entre sus diferentes monumentos destaca la catedral, del siglo XVI, declarada patrimonio Histórico-Artístico. Otros lugares de interés son el Palacio Episcopal o el Jardín Arqueológico, que se encuentra en los alrededores de la catedral.

Catedral de Barbastro, del siglo XVI

Torreón de la catedral de Barbastro

Pero yo, para seguir en la tónica que llevo teniendo en todos mis posts, ¡os voy a hablar de lugares donde probar la gastronomía! Y os recomiendo un par de lugares en Barbastro.

El primero de ellos es el Vino Bar. Ideal para parar a tomar unos vinos y unas tapas por la noche, se encuentra en el Paseo del Coso. En un ambiente joven, de diseño, se pueden probar exquisiteces tan apetecibles como por ejemplo las setas con jamón.

Mesa central en el Vino Bar, Barbastro

Vino Bar, para tomar unos vinos y unas tapas en la capital de la comarca de Somontano

Otro lugar que descubrimos por casualidad fue el bar El Trasiego. Además de que sus camareros y encargada son especialmente simpáticos, tengo que destacar que nos trataron genial. Por supuesto, acompañando a un vinito de la zona, lo ideal es tomarse algunas de sus tapas. Os recomiendo las alcachofas con trufa o los chipirones. ¡Buenísimos!

Copa de vino de Somontano en el Trasiego

Tomando un vinito en el bar El Trasiego, en Barbastro

Y así, con el estómago feliz y contento y, por supuesto, relajados, podréis finalizar vuestros días de escapada a El Pilaret. Seguro que regresáis a vuestras casas más que satisfechos. ¡No os arrepentiréis de elegirlo como lugar para desconectar!